Por Julio Dam
Rébbe Mesiánico Renovado
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Dvarím/Palabras/Dt. 18:9: ”Cuando entrares en la tierra que ADONÁI, tu Elohím te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.”
Elohím nos reserva tierra (tanto real como psicológica) para nosotros, Sus hijos, y debemos aprender a manejarnos según Sus directivas, y según Sus instrucciones, tanto explícitas como implícitas. Veamos ambas en esta parasháh/sección de la Toráh.
CÓMO SALIR DEL MUNDO Y ENTRAR EN SU MUNDO
Cuando entramos a formar parte de Su Reino, Elohím nos ayuda y nos pone bajo su tutela, aunque no lo sepamos, ni lo creamos, pero estamos siendo vigilados (en ambos sentidos de la palabra) por los ojos atentos de Elohím para cuidarnos y bendecirnos, e impedir (dentro de nuestro libre albedrío), que nos desviemos, o que lo dejemos a Él a un lado.
Una de las primeras cosas que debemos aprender es a salir del mundo no creyente. ¿Pero, cómo se hace eso? Para salir de un lugar, o de una posición, tenemos primero que tener otro lugar, o posición, a la cual tener acceso. Este lugar o posición, es AL LADO DE ELOHÍM. Debemos tener en mente que Elohím desea que estemos a Su lado, acompañándolo, y Él acompañándonos a nosotros en todo lo que hacemos.
Para estar a Su lado, en segundo lugar, debemos primero que nada, creer firmemente en Su existencia, y en Su actividad real, no sólo “religiosa”, dentro de un contexto religioso, sino real, en el mundo espiritual, pero también en el mundo físico, Su creación también.
La Shmáh judía nos avisa y nos enseña de Su existencia: “Shmáh Israel, (nosotros), ADONÁI Elohéinu (nuestro Elohím), ADONÁI Ejád (ADONÁI uno es”, según Dvarím 6:4.
Por si nos olvidamos, tenemos Shemót/“Ex.” 20:2:”Yo soy ADONÁI tu Elohím, que te saqué de la tierra de Mitzráim, de casa de servidumbre”. Desde hace miles de años que Él nos sacó a nosotros, a nuestros antepasados (tanto por sangre como por fe, para nuestros lectores ex-gentiles) de la servidumbre del Paró, símbolo de ha satán, para ser Sus hijos y seguir Su camino. Nos dio libertad DE ha satán para poder servirlo a Él, Rey de reyes y ADONÁI de adoním (y Amo de amos).
En tercer lugar, debemos aprender a amar a este Ser inigualable e insustituible. Dice en Dvarím 6:5: “Y amarás a ADONÁI tu Elohím con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todo tu mejor esfuerzo/meód.”
¿Cómo se aprende a amar a Elohím? Le puedo contestar con otra pregunta, a la usanza judía: ¿Cómo amó usted a una persona alguna vez? Conociéndola de a poco, apreciándola, entendiéndola día tras día, conociendo su corazón y su carácter y viendo la bondad que exhibía hacia usted. Bueno, de la misma manera podemos aprender a amar a Elohím, porque Él está dispuesto a ser conocido y a ser amado como amamos a nuestros padres y abuelos, o amamos a nuestros hijos y nietos: por medio de una relación diaria, constante.
En cuarto lugar, debemos aprender a servirlo. Dice en Dvarím 11:13-14: “Si obedecieres cuidadosamente a mis mandamientos que Yo les prescribo hoy, amando a ADONÁI vuestro Elohím, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo... “
En quinto lugar, debemos aprender a imitar a Elohím y a ser “Santos, como Él es Santo”. Dice en Dvarím 28:9: “Te confirmará ADONÁI por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de ADONÁI, tu Elohím, y anduvieres en Sus caminos”.
Elohím nos dejó un “Manual del Buen Esclavo”, para llamarla de alguna forma a la Toráh. Una serie de comportamientos, de sentimientos, de órdenes, para que las sigamos. Si las hacemos, seremos lo que Él desea que seamos, y lo mismo nuestro país, si está regido por Sus Mandamientos, lo cual es la clave para la bendición de nuestro país, cualquiera que éste sea. Seiscientas trece reglas de comportamiento (el “TARIAG”) para todos aquellos que desean llegar a ser parte de Su Pueblo, y ser santos como Él es Santo.
Si seguimos este Manual, llamado Toráh, en hebreo “Instrucciones”, dicen los versículos uno al nueve, Él nos bendecirá, nos exaltará, todo lo que hagamos será bendecido, derrotará a nuestros enemigos, nos hará sobreabundar en bienes, y en toda clase de bendiciones y regalos de Él. ¿Qué más podríamos desear para nuestras vidas? (Versículos 28:1-8).
En realidad, todo el capítulo 28 de Dvarím es una mera lista de bendiciones y maldiciones, abierta para nosotros, según lo que elijamos hacer: si hacemos Su voluntad y cumplimos Sus Mandamientos, está la lista extensa de bendiciones para nosotros. Si elegimos no hacer Su Voluntad, y no cumplir Sus Mandamientos, sino desobedecer, a partir del vers. 15, está una lista más extensa todavía de maldiciones. ¿Es que necesitamos algo más claro que esto?
En sexto lugar, está Vaikráh/”Lev.” 22:32: “Y no profanen Mi santo nombre, más bien, Yo he de ser santificado en medio de los hijos de Israel. Yo soy ADONÁI que los santifico.”
¿Qué es profanar Su Santo Nombre? ¿Qué es ser santificado? Profanar Su Nombre es ensuciarlo, asociándolo con cosas humanas, que nada tienen que ver con Él, sino con nuestros intereses particulares. Es mentir usando Su Nombre como escudo, como pretexto de que estamos diciendo la verdad. ¿Qué es santificarlo? Es todo lo contrario: es hacer y decir cosas que lo alaben. Es bendecir Su Nombre todos los días, pensando en que todo lo que tenemos, y todo lo que somos se lo debemos a Él y no a la “casualidad” ni a la “suerte”, dos cosas que no existen más que en la imaginación de los tontos, es decir, los que no entienden nada de Elohím.
CÓMO ENTRAR EN SU MUNDO
¿Qué tendríamos nosotros que hacer con relación a la Toráh? Dice en Dvarím 6:5: “Amarás a Tu Elohím con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu esfuerzo”.
¿Por qué se mencionan los tefilín y las mezuzót aquí? Porque Elohím desea que NADIE se olvide de Sus Mandamientos, ni que tengan oportunidad ni excusa para olvidarse de ellos, sino que las tengamos presente todo el día, aun cuando entramos en nuestra casa, como es el caso de la mezuzáh.
Cuando tenemos a Elohím en nuestra mente y en nuestro corazón, cuando tenemos Sus Mandamientos alrededor nuestro, en la conversación, en los tefilín y en las mezuzót, es mucho más fácil cumplir lo que dice Dv. 6:7: hablar de ello en nuestro caminar, al acostarnos, al levantarnos, discutirlo con nuestros familiares y amigos, en fin, sumergirnos en la Toráh, hasta que se haga una con nosotros, que es el propósito de Elohím para cada uno de Sus queridos hijos, a quien Él desea bendecir.
Como consecuencia de este estudio a largo plazo, constante en nuestras vidas, comenzaremos a comprender muchas cosas, no sólo sobre nosotros, sino sobre el mundo que nos rodea, lo que los medios de comunicación nos dicen y dejan de decirnos, lo que deberíamos saber pero no sabemos, y lo que no deberíamos saber, porque no es importante ni agradable para Elohím.
Como resultado, estaremos donde Él desea que estemos: fuera del mundo no creyente, y con Él, en el mundo que lo rodea, el mundo espiritual, que era nuestra meta al principio de esta parasháh.